JOSÉ BALTASAR PLAZA FRÍAS

Socio Director

Dos son las direcciones que llevan las querellas presentadas e instruidas en la Audiencia Nacional contras los responsables del antiguo Banco Popular: una, ver si las cuentas del Banco reflejaban su imagen fiel y desde cuando; y dos, depurar posibles responsabilidades, irregularidades y notables faltas de diligencia y buen gobierno por parte de los directivos de la entidad (Ron, Saracho, Higuera, Gómez…).

Del resultado de las pesquisas dependerá el futuro de cientos de miles de accionistas que perdieron el 100% de sus inversiones el 7 de junio de 2018, cuando sus acciones fueron amortizadas y el Banco se vendió por 1€ al Banco de Santander, después de ser intervenido y resuelto por el BCE y la JUR.

Una costa está ya clara: la ampliación de capital de mayo de 2016 fue un engaño, las cuentas del folleto de la ampliación no reflejaban la imagen fiel de la entidad. Y eso está desencadenando cientos de sentencias favorables, que declaran la nulidad de las órdenes de compra y la devolución de la inversión a los clientes, con intereses y costas.

Y otra cosa parece también clara, que la posible falsedad en las cuentas llega hasta 2012, como mínimo. Así lo reflejan, al menos, varios informes periciales obrantes en la causa penal, hallazgo éste que está permitiendo ya que los clientes de la entidad demanden en vía civil por las acciones compradas desde 2012.

Y la instrucción sigue. El Banco Popular giró peligrosamente en los años 2007, 2008 y siguientes, hacía las operaciones inmobiliarias, todos sus activos inmobiliarios (como los de todo el mundo) bajaron su valor a merced de la crisis, no se realizaron en su contabilidad los ajustes obligados legalmente para así evitar entrar en pérdidas y, lógicamente eso hizo que accionistas e inversores tuvieran una idea equivocada y falsa sobre la verdadera situación económica de la entidad que, de haberlo sabido, no les habría llevado a tomar la decisión de invertir sus ahorros en la misma.
Engaño o error, eso ya se verá, los perjudicados han sido los de siempre: los clientes, a los que hoy se les abre la puerta para recuperar, todo o parte, de su dinero.

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